Aplicaciones

 

La energía solar térmica produce agua caliente que puede aprovecharse para distintos usos, tanto domésticos como industriales. Las aplicaciones más habituales son la producción de agua caliente sanitaria (ACS), climatización de piscinas, calefacción, refrigeración y otros, en viviendas unifamiliares, comunidades de vecinos, apartamentos, hoteles, colegios, polideportivos, etc.

Según el principio de circulación podemos distinguir entre dos tipos: la circulación forzada y la circulación natural conocida también como termosifón.

Circulación natural

En los sistemas de circulación natural el agua contenida en los captadores se calienta al recibir la radiación solar, aumentando su temperatura y disminuyendo su densidad, es decir, se vuelve más ligera y asciende: este es el llamado efecto termosifón. Este movimiento natural del agua hace que ascienda a la parte alta del depósito, mientras que el agua fría contenida en el depósito acumulador, con mayor densidad, se desplaza hacia la parte baja de la instalación por la tubería de entrada a los captadores. Esta circulación natural se mantiene siempre que exista una diferencia de temperatura entre el agua de los captadores y la del acumulador, y cesa cuando se igualan. Podemos decir que se autorregulan de forma natural.

Los equipos que aprovechan este efecto se llaman equipos termosifón , y en ellos el depósito acumulador está situado por encima de los captadores. Son muy sencillos de instalar y de fácil mantenimiento por lo que son la opción más recomendable para el sector doméstico.

Circulación forzada

En los sistemas de circulación forzada el movimiento del agua se realiza mediante una bomba de circulación cuyo funcionamiento se regula a través de un control diferencial que compara las temperaturas del acumulador y de los captadores. Cuando la temperatura de los captadores es superior a la del acumulador, la bomba se pone en marcha. En caso contrario se para.

En estos sistemas el depósito acumulador puede ir colocado en cualquier parte de la instalación, lo que facilita la integración arquitectónica de estos sistemas. Requieren un mantenimiento más especializado por lo que son la opción ideal para grandes instalaciones como por ejemplo la climatización de piscinas y otras aplicaciones más específicas.

Según el sistema de intercambio de calor podemos diferenciar entre sistemas en circuito abierto o cerrado.

Sistemas en circuito abierto o directos

Son aquellos en los que el agua de acumulación pasa directamente por los captadores.

Sistemas en circuito cerrado o indirectos

Estos sistemas disponen de un intercambiador de calor que impide que el agua de acumulación se mezcle con la de los captadores. Se recomienda la utilización de este sistema en aquellos lugares con aguas duras o corrosivas, con riesgo de congelación, etc.

Resumen de lo expuesto anteriormente